TIENES QUE HACER CUARENTA MINUTOS
Al llegar al hotel, ya hacia de noche. Primavera. Hacia una semana que se adelantaban los relojes, pero ese día llovió fuerte. De mi casa al hotel son dos horas en coche. Me llevaron Sara y Chema y hablamos en camino del tipo de bolo que podría ser.
La idea fue que yo bajara a la cena de esta pena para hacer de ‘humorista’. Llevaba unos anos haciendo el circuito de teatros, colegios mayores, universidades con espectáculos cómicos. La gente respondía bien. Como dijo Sara en el coche, ‘siempre te sale bien’. Pero eso es como una racha de victorias en un equipo de fútbol. No puede durar para siempre, y no sabes cuando te toca perder.
En la ultima actuación que había hecho en Huesca, los dueños del bar me llevaban a cenar, me invitaban a todas las bebidas de la barra que quisiera, me pagaron de antemano y me esperaban con ilusión. Cuando salí al escenario, ya tenía a la peña con muchas ganas de oír lo que decía. Iban bebidos pero sonrientes. Se reían mucho.
El tipo gordo con gafas me dirigió nueve palabras en toda la noche. Las que acabas de leer y, al final del bolo; - Malo… eres muy malo.
No sé como se llama el tipo gordo con gafas, pero tampoco se interesaba en saber como me llamaba yo. Simplemente eso; ‘tienes cuarenta minutos’ y a tomar por el culo. Ni nos dijeron donde podríamos esperar ni nos invitaron a comer o beber. Asi que tomamos un bocadillo en la Plaza del Torico y volvemos a las once. Me fui por alguna mesa para – como dicen – ‘enrollarme’ pero la gente no quería ni hablar, excepto uno que me dijo que el pueblo rival se llamaba Celadas. Siempre pido este dato porque hay muchos chistes que se puede sacar de las rivalidades. El pueblo contiguo, en todo el mundo, es el enemigo. Hasta que haya guerra, cuando se reúnen para luchar contra otros. U otra guerra mas grande cuando el enemigo se convierte en aliado y se busca enemigo nuevo. El fútbol explota ese sentimiento. En mi actuación lo dejó bien claro que todo eso es ilógico, todo eso es de broma. Para el publico de aquella noche, era todo de verdad. Odiaban a los catalanes, odiaban a los extranjeros.
Me puse delante de las ocho mesas en el hotel de carretera en una provincia de Aragon; un ingles, futbolero pero de otro equipo, anarquista en tierras de Durutti (gracias a dios que no le nombre) y mire a lo que había. Allí en un rincón lejano se alguien había puesto una bandera del Ultra Sur. Los Ultra Sur son los que van a los partidos con las caras tapadas para demostrar su madridismo lanzando insultos y proyectiles a los rivales. La mesa de los Ultra Sur fue poblada por unos ocho bordes con pinta de paleto de pueblo. Al fin y al cabo ¿que cono pinta una pena de madridistas tan lejos de Madrid si ninguno era madrileño? Pero vamos… me puse de pie delante de todos (no me proporcionaron ni taburete ni pie de micro) y empecé con las ‘buenas tardes, buenas noches, buenas tarde-noches… para vosotros. No tanto para mi, porque acabo de perder una apuesta….’ Etcétera.
Después de no haber entendido mis primeros chistes, saque un papel diciendo
- Pero, tío… ¿no ves que me estoy compromitiendo?
(‘Todos los del Barca son una pandilla de maricones’ no es un chiste)
La orquesta estaba allí antes para montar. Mi director había sugerido que bajara con ellos y que volviera con ellos luego. En su furgoneta. A las cinco de la madrugada. Bajo la lluvia. A lo mejor acunado entre una batería y un bajo.
Yo se también que estos pobres, con sus chalecos baratos y sus lentejuelas, y la pobre cantante en minifalda negra, yo se que están cobrando menos que yo. Yo no he tenido que llegar temprano, montar y tocar hasta las tantas. Deje de hacer eso cuando me di cuenta que lo paso mejor tocando en las calles soleadas de España donde, si la gente quiere escuchar, escucha, y si no, te dejan en paz.
El tipo que llevaba el orquesta (gordo, con bigote) me sonaba también. Hacia anos un amigo mío le habìa dejado su oficina para hacer negocio juntos. Iban a ponerse a buscar bolos, mi amigo para su espectáculo de títeres, y este otro para su show de Sexy Boys, tipo fiesta Santa Águeda. En unas semanas se había pirado con el dinero y dejando una factura de teléfono de cincuenta mil pelas. Así es la gente en este mundillo de las verbenas y las penas de madridistas. Tantos anos mas tarde me tocaba compartir cartel con ese elemento. Los músicos estaban cabreados ya, de haber montado en la sala equivocada, de haber bajado los bafles al sótano donde teníamos que actuar, de estar esperando y esperando para empezar. Cuanto mas tarde empiezan, cuanto mas tarde llegan a casa (suele ser mediodía del día siguiente). Vaya vida. No es para mi ni para nadie. No quería hacerlo.
El ‘chiste’ de los pueblos rivales lo robe de un cómico ingles. Dice ‘Hay algún francés aquí esta noche? ¿No?’ y cuando mo hay respuesta, dice ‘Huelen mal, los francés ¿verdad?’ Aquí el chiste no es que los franceses huelen mal. El chiste es que el tío es tan cobarde que solo lo va a decir después de asegurarse de que no hay franceses en la sala.
A base de esa idea, en los pueblos, inventamos una historia parecida basado en el pueblo rival. Siempre funciona pero a veces no estoy seguro de que la gente se rie. Después de una función, un tipo mayor me dijo ‘Pero no te metas con los pueblos’.
Esa noche, me habían informado que el pueblo rival se llamaba Celadas. Lo habían dicho porque el tipo gordo con gafas era de Celadas. El tipo gordo con gafas no capto la idea. Lo normal es que la gente de ese pueblo, si hay alguno presente, protesta, pero sonriente. Este simplemente se cabreo y el impresentable a su lado (¿su hijo?) mas, haciendo ese gesto que los conductores hacen cuando quieren discutir con alguien
El hijo del tipo gordo con gafas (ojalá me hubiera dicho su nombre. Primero para no tener que teclear ‘el tipo gordo con gafas’ cada vez que hablo de el; segundo, porque tu, leyendo esto, te acordarías de ello) se levanto de su silla cabreado.
En la mesa a mi izquierda dos o tres personas me hacían caso. Un señor dio una bofetada a su mujer por prestarme atención, como si diciendo ¿no ves que al humorista hay que despreciarle? Haz como todos los demás. A eso vamos. Ma-a-a-a-a-a
En Yugoslavia vi un oso bailarin.